La leyenda del Eguzkilore

Simbología del Eguzkilore
Leyendas
Primera leyenda
Segunda leyenda


Simbología del Eguzkilore.–

Abrimos esta entrada con un poco de magia y algo de mitología vasca, para recordar dos leyendas sobre una flor que fascinante, que es muy popular en el País Vasco: el Eguzkilore.

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Esta flor forma parte de la mitología vasca; en euskera, Eguzki-lore significa literalmente “flor del sol”.

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El Eguzkilore es una flor que llama la atención por su aspecto y tiene una simbología muy especial; podemos verla colgada en puertas y ventanas de caseríos y viviendas de la zona vasco-francesa como parte de la cultura vasca o —como dice la leyenda— para proteger la casa y sus habitantes.

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Hay quienes tiene directamente una flor o una representación de ella de ella en diversos materiales: metal, madera, etc.

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También podemos apreciarla a menudo en el día a día representada en piezas de joyería, accesorios, ropa, etc.

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En otras zonas de la península esta flor es conocida con otros nombres (cast.: Carlina angélica, angelina carrinclera, cardo dorado, cardiguera, cardineta, carnunquera, cardonerita, cardo de batanero -en ocasiones se le confunde con el cardo ajonjero-; eusk: astallar, eguzki-lore illargi-lorr basalarr, karda-lorr, otarraska, sorgin-kontra; cat.: carlina, cardiguera, carrinclera; gall.: carlina), y la leyenda la acompaña igualmente.

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En estas zonas también se le atribuye una función protectora, y se la puede observar en puertas y ventanas de casas que no son del País Vasco.

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Esta flor es un tipo de cardo científicamente conocido como Carlina acaulis, natural de la zona pirenaica y de otras partes de Europa, y actualmente protegida por estar en peligro de extinción por poda masiva.

Leyendas.–

Lo verdaderamente especial del Eguzkilore, además de su aspecto rudo pero delicado a la vez, es la leyenda —o leyendas— que le acompañan; vamos a contar dos de ellas en esta entrada.

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La primera de ellas cuenta por qué esta flor se coloca en las puertas y ventanas de viviendas en representación mística del sol. .

La segunda versión habla del Eguzkilore simplemente como ahuyentador de malos espíritus; la conocí a través de una firma de joyería y es menos especial que la primera.

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Aquí van las dos…

Primera leyenda.–

El Eguzkilore como representación mística del Sol y ahuyentador de malos espíritus y otros peligros.
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Cuenta la leyenda que antiguamente los hombres eran amenazados por brujas, genios, magos y malos espíritus, de modo que acudieron a Ama-lur (la Madre Tierra) para pedirle protección.

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Esta les respondió creando un astro luminoso: la Luna (Ilargia). Al principio la luz de la Luna asustó por igual a hombres y a malos espíritus, pero los primeros se acostumbraron poco a poco a ella y dejaron de esconderse en sus cuevas. Los malos espíritus tardaron un poco más en acostumbrarse, pero igualmente lo hicieron, por lo que los hombres volvieron a recurrir a Ama-lur en busca de protección.
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Esta vez Ama-lur respondió creando un astro aún más luminoso: el Sol (Eguzkia). Ocurrió que de nuevo hombres y malos espíritus se asustaron de tan tremenda luz, pero enseguida los hombres fueron saliendo de sus cuevas y disfrutando del día, mientras que los malos espíritus no consiguieron acostumbrarse, y tuvieron que limitar su actividad a la noche.
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Dado que los hombres seguían sintiéndose amenazados por la noche, acudieron una vez más a Ama-lur en busca de protección, y esta les dijo “Crearé para vosotros una flor tan bella que los malos espíritus, al verla, creerán estar viendo el mismísimo Sol, y tendrán que huir”.

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Y así fue como nació el Eguzkilore.

Segunda leyenda.–

El Eguzkilore como ahuyentador de malos espíritus, tormentas y otros peligros.

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La transcribo literalmente tal como la entregan en la misma firma de joyería.
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“La leyenda cuenta que las lamias (personajes mitológicos vascos) salían cada noche a llevarse a los niños pequeños de la casa, pero para poder entrar tenían que decir el número de pétalos del Eguzkilore colgado en la puerta.

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Como no sabían contar bien y se equivocaban, empezaban una y otra vez sin dar con la respuesta. Así pasaban toda la noche, hasta que los primeros rayos del sol les hacían escapar.

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Era así como el Eguzkilore cumplía su función protectora”.